6. El desarrollo colonialista interno y el subdesarrollo capitalista

Las causas y la naturaleza del cada vez más profundo subdesarrollo de Brasil no residen, pues, en tales líneas y acontecimientos inmediatos, sino como hemos dicho, en el capitalismo mismo. Para comprender In verdadera naturaleza de la crisis contemporánea de Brasil, podemos volver al pasado para examinar la estructura metrópoli-satélite capitalista y el proceso de polarización contemporánea, concentrándonos primero en las manifestaciones nacionales y después en las internacionales.

En el nivel nacional la polarización aparece más llamativamente quizás, en la concentración de la actividad económica en São Paulo y en el creciente empobrecimiento relativo y absoluto del resto del país. La concentración de la producción industrial en São Paulo ha avanzado como sigue: 1881, 5%; 1907, 16%; 1914, 20%; 1920, 33%; 1938, 43%; 1959, 54%. (Véase pp. 170-71). En el período de 1955 a 1960, a pesar de la construcción de Brasilia y del establecimiento de la SUDENE (Superintendencia de Desenvolvimento do Nordeste), la entidad a cargo del fomento de esa región, el 75% de las inversiones nacionales y extranjeras en el Brasil fueron a São Paulo. (Conselho Nacional, 1963: 112.) Y es de presumir que la producción industrial continúa concentrándose en São Paulo en el mismo grado.

Mientras, el estado de Bahía, en el Nordeste, que tenía el 25% de la producción industrial brasileña en 1881, cayó al 3,1% hacia 1950 y al 1,7% en 1959 (págs. 170-71 y Conselho Nacional, 1963: 267). De hecho, los once estados del Norte y el Nordeste combinados, con el 32% de la población del país en 1955, produjeron el 12,4% de la producción industrial brasileña en 1950 y el 9,9% en 1959 (Conselho Nacional, 1963: 267), y recibieron el 20% del ingreso nacional del país en 1947, el 16,1% en 1955 y el 14,5% en 1960. (Estimado de APEC, 1963: 14.) Esta disminución del ingreso relativo sólo es parte de la historia. Hasta el ingreso absoluto per capita de los mismos once estados también declinó, de 9.400 cruzeiros en 1948 a 9200 en 1959 mientras que el ingreso per capita de Guanabara, que incluye a Río de Janeiro, aumentaba de 63.000 a 69.000 cruzeiros (APEC, 1962: 24 y anexo 2-VII). El estado más pobre, Piauí, en el Nordeste, tenía en 1958 un ingreso per capita de 4000 cruzeros mientras que el de Guanabara era de 52.000, a precios corrientes. (APEC, 1962: 24.) Clidenor Freites, psiquiatra de Piauí que construyó en el estado un hospital de dementes antes de convertirse en presidente del sistema de seguridad social de Brasil, me aseguró que Piauí posee el más alto índice de enfermedades mentales de todo Brasil y que éstas se originan, principalmente, por la desnutrición.

La distribución de los ingresos personales, tanto nacional como regionalmente, aumenta con desigualdad a medida que la inflación crece. Esto beneficia a los propietarios, puesto que el valor de la propiedad sube, y castiga a los jornaleros y asalariados, cuyos ingresos no se mantienen a la par de los precios. Así, pues, una pequeña disminución del ingreso per capita medio, en estados como los del Norte y el Nordeste, significa una gran disminución del ingreso absoluto de la inmensa mayoría.

La población trabajadora o cesante del centro industrial de São Paulo no se beneficia tampoco, necesariamente, con este cambio de la distribución del ingreso. Los que se benefician son los burgueses y sus aliados metropolitanos, al paso que los ex-campesinos y los trabajadores cesantes encuentran reducidos sus ingresos por la inflación de los precios y el estancamiento económico. Es así como el sistema capitalista no sólo lo dividen las relaciones coloniales de metrópolis y satélites, sino también las de clase, el hecho de que los desposeídos vivan en la metrópoli de São Paulo o en la de Río de Janeiro, en lugar de vivir en los satélites provinciales, difícilmente los protege contra la satelización y la explotación capitalista.

¿Cómo tiene lugar esta polarización de la economía capitalista interior de Brasil? Entre sus rasgos salientes podemos contar: a) las inversiones privadas, así las nacionales como las extranjeras, se concentran en la metrópoli nacional; b) las inversiones públicas se concentran asimismo en la metrópoli nacional y, como ocurre en el plano global, en algunas de las áreas circundantes que suministran electricidad o materias primas a la metrópoli nacional o a la internacional; c) la estructura de los impuestos es regresiva, pues pesan más, proporcionalmente, sobre los pobres que sobre los ricos; d) una sistemática y casi continua transferencia de capitales o de excedentes económicos del Nordeste y otras regiones satélites, como señala mi modelo, de los que se apropia la metrópoli nacional en el Sur, para usarlos parcialmente en su propio desarrollo y, fundamentalmente, en el de su propia burguesía. Esta transferencia de capitales, o apropiación-expropiación de excedentes económicos, pueden ser convenientemente estudiados en las siguientes divisiones: a) términos de intercambio interiores, en contra de los satélites y a favor de la metrópoli nacional; b) traspaso de las divisas, de los satélites que las obtienen a la metrópoli nacional que los gasta; c) estructura, federalmente controlada, de los precios de importación, que subvenciona a las importaciones de la metrópoli nacional en comparación con las de los satélites; d) traslado del capital humano, de los satélites que invierten en él a la metrópoli que se beneficia de él, y e) servicios que representan una transferencia "invisible" de dinero de los satélites nacionales a la metrópoli nacional. De estos mecanismos, junto con otros, como la estructura de los impuestos y los gastos públicos, resulta una gran remesa de capitales de los satélites interiores a la metrópoli nacional. Esta transferencia sólo se hace más lenta o se modifica en años "malos", de depresión.

Estos aspectos de la estructura metrópoli-satélite interior son análogos, a su vez, a los de la estructura internacional.

a. Términos de intercambio interiores: El economista norteamericano Werner Baer observa:

El Nordeste... tuvo que obtener sus suministros de las nuevas y costosas industrias del centro-sur (São Paulo). Esto ha significado, de hecho, el deterioro de tos términos de intercambio del Nordeste y ha originado dentro de Brasil una transferencia de recursos como la que tan a menudo menciona Prebish respecto a la posición de América latina frente al mundo desarrollado... [La práctica] que ha llevado al Nordeste a comprar en el Sur, y no en el extranjero, bajo condiciones de venta menos favorables, entraña una transferencia de capitales de la región más pobre a la más rica del país. Se asegura que la magnitud de esta transferencia puede ser estimada. (Baer, 1964: 278.)

Durante el período de 1948 a 1960, la relación del índice de Ios precios de exportación del Nordeste (medidos por los de las exportaciones brasileñas, excepto el café) respecto al de los precios al por mayor descendió de 100 a 10. Si en este descenso se toman en cuenta las variaciones del tipo de cambio contra el dólar, la disminución de los precios interiores del Nordeste fue de 100 a 48, (Baer, 1960: 279-280.) Al mismo tiempo, los términos de intercambio internacionales disminuyeron también en perjuicio del Nordeste. 

b. Traspaso de divisas: En el estudio que condujo a la creación de la famosa SUDENE, el Conselho do Desenvolvimento do Nordeste informó:

El Nordeste no utilizó el total de sus ganancias en divisas generado por sus exportaciones. Alrededor del 40% de tales divisas fue transferido a otras regiones del país... Suministrando créditos extranjeros al centro-sur, el Nordeste ha estado contribuyendo al desarrollo de aquél con un factor del que los sureños están escasos: capacidad para importar. (1959: 18, 24, citado por Baer, 1960: 278.)

El valor medio de las exportaciones [al extranjero] del Nordeste subió de $ USA 165 millones en 1948-1949 a $ USA 232 millones en 1959-1960, mientras que el valor de las importaciones [del extranjero] cayó de 97 millones de dólares a 82 millones de dólares. Durante muchos de los años de la posguerra, el excedente del comercio exterior del Nordeste alcanzó para cubrir los déficit de la balanza comercial del resto del país y, a veces, otros déficit de la balanza de pagos. (Baer, 1964: 278.)

Sirviéndose de los estimados del Conselho y otros datos, Baer calcula que en el período de 1948 a 1960 se transfirieron del satélite del Nordeste a la metrópoli sureño, 413 millones de dólares por la vía de este mecanismo solamente, para un promedio de 38 millones anuales, promedio que se elevó a 74, 59 y 84 millones de dólares en los años de 1958, 1959 y 1960, respectivamente. (Baer, 1960: 280.)

c. Control federal de los precios de las importaciones:

Otra carga sobre la economía nordeste de Brasil, que los funcionarios de la SUDENE no han analizado explícitamente, es el efecto del "agio" sobre los tipos de cambio brasileños. Las importaciones que vienen para el Nordeste pagan tipos bastante altos en comparación con los de las importaciones "subsidiadas", como las de bienes de producción [que principalmente se usan en el Sur]. El producto de estos tipos de cambio ha sido usado por las autoridades cambiarias para apuntalar la economía del café, centrada principalmente en el Sur. Los superávit de los balances del agiotaje han aumentado también la capacidad del Banco do Brasil para otorgar préstamos que en gran proporción benefician al Sur. Puede calcularse el grado de "tributación" del Nordeste, que esta operación implica. (Baer, 1960: 281.)

d. Traslado del capital humano: Baer asegura que no se dispone de suficientes datos para determinar si los emigrantes [del Nordeste al Sur] son los más calificados y hábiles de la región, lo que también constituiría un drenaje de ella. Se sabe que los mejores talentos de los grupos profesionales han emigrado al Sur, causando así carencias de consideración [en el Nordeste]. (Baer, 1960: 276.) Algunos profesionales emigran a la metrópoli nacional; otros no se detienen allí y siguen a la internacional: Estados Unidos. Aunque se reconoce que los datos a este respecto no son concluyentes, se tienen buenas razones para creer que este patrón de la emigración interior del satélite a la metrópoli es fidedigno. (Hutchinson, 1963.) Lo que no admite discusión es que los emigrantes se alimentaron y educaron —hasta donde recibieron educación— en la región satélite, a expensas de ésta, durante su improductiva niñez, sólo para abandonar aquélla y pasar para su etapa adulta productiva en la metrópoli.

e. Servicios que representan una transferencia invisible de capital: Los datos brasileños al respecto de esta partida "invisible", claro está son insuficientes. Pero eso no le resta importancia. El Fondo Monetario Internacional y la CEPAL proporcionan datos (con exclusión de Cuba) que indican que los desembolsos latinoamericanos de divisas en servicios "invisibles" pagados al extranjero —transporte y seguros, utilidades transferidas al exterior, servicio de la deuda, viajes, otros servicios, donaciones, fondos remitidos al exterior y errores y omisiones— absorbieron y transfirieron a la metrópoli el 61% del total de divisas que América latina obtuvo durante el período de 1961-1963. (Frank, 1965a: 43.) Estos servicios tienen contrapartidas internas y es de presumir que manifiestan una apreciable transferencia de fondos, dentro de Brasil, del satélite a la metrópoli, al igual que mitre Brasil (u otros satélites) y la metrópoli capitalista internacional. (Frank, 1963, 1964 b.) Sin el complemento de tales remetas del satélite a la metrópoli, por servicios o atenciones financieras, seria difícil explicar el perenne excedente en la balanza comercial (de las exportaciones sobre las importaciones) de los satélites interiores, y el déficit de la balanza comercial (importaciones en exceso de las exportaciones) de la metrópoli nacional, o la diferencia entre la balanza comercial de la metrópoli nacional que muestra un déficit, y su balanza de pagos, que muestra un superávit.

Como resultado de éstos y otros mecanismos, y de conformidad con mi modelo y mis hipótesis, São Paulo tuvo un excedente en su balanza comercial con otras regiones de Brasil y con el mundo, como indica el exceso de las exportaciones sobre las importaciones (presumiblemente de bienes) a través de su puerto de Santos durante la segunda mitad del siglo XIX cuando aún no era la metrópoli nacional de Brasil. (Ellis, 1937: 426, cuyos datos cubren los años de 1857-1862 v 1877-1886.) En el siglo XX (los datos en Ellis, 1937: 512, comienzan en 1907), São Paulo, por el contrario, muestra un déficit comercial continuamente grande; esto es, un exceso de las importaciones de otras regiones sobre las exportaciones a otras regiones, a través del cabotaje del puerto de Santos, hasta el año 1930. Esta fecha final tiene considerable significación: São Paulo era ya la metrópoli nacional. Así, pues, importa sistemáticamente más de otras regiones brasileñas que lo que les exporta a través de Santos.

¿Cómo puede São Paulo tener más importaciones que exportaciones de mercancías y pagarlas un año tras otro? Ellis responde que ello se debe a las grandes ganancias de su comercio de exportación. Parte de la respuesta debe estar en ganancias que no aparecen en los embarques por el puerto de Santos: ganancias en la exportación de servicios "invisibles". Pero la balanza de pagos de São Paulo con paises extranjeros en lo que respecta a préstamos u otros servicios, no muestra superávit alguno. Como todos los satélites, São Paulo tiene una balanza de pagos deficitaria y un déficit en au cuenta de servicios con la metrópoli del sistema capitalista mundial. Podemos desechar también la posibilidad de un exceso de las exportaciones por tierra sobre las importaciones de regiones brasileñas vecinas durante este periodo (probablemente fueron más también las importaciones por tierra que las exportaciones). Nos quede, puts, la explicación de que São Paulo paga su exceso de lo que importe sobre lo que exporta a otras regiones de Brasil (como también, quizás, parte del déficit de su balanza de pagos con el extranjero) con las ganancias que obtiene de los capitales que transfiere desde otras regiones de Brasil y expropia a ellas. La pregunta que queda por responder es si este drenaje de capital de los satélites a la metrópoli nacional paulista debe llamarse pagos o ganancias de servicios prestados.

Este corriente de fondos del satélite a la metrópoli en razón de servicios "invisibles" es tan grande que permite a las metrópolis nacionales de São Paulo y Río de Janeiro pagar sus cuantiosos excesos de las importaciones desde el interior sobre las exportaciones, y también convertir el déficit comercial interno de la cuenta de mercancías en un gran superávit de la balanza de pagos. Los satélites interiores brasileños tienen en su balanza de pagos con la metrópoli nacional, un déficit sistemático, no obstante el hecho de que la balanza comercial del Nordeste con respecto a São Paulo es favorable a aquél, y lo es aún más con respecto al mundo exterior. "El Nordeste ha tenido déficit perennes [en su balanza de pagos] con el resto del país [en el período posterior a la guerra], principalmente el centro-sur, y estos déficit han estado creciendo en los últimos años de la década de 1950. Estos déficit han promediado alrededor del 25% de sus aportaciones o el 20% de su mayor volumen de importaciones de bines y servicios de otras regiones." (Baer, 1964: 278, 279.)

Otra observación parece ser consecuente con mi modelo y mis hipótesis: cuando vino la depresión, São Paulo dejó de tener un déficit en sus exportaciones de mercancías hacia el interior para traer un superávit en su cuenta de mercancías con otras regiones de Brasil. Hasta 1929, las importaciones por cabotaje fueron muy superiores a las exportaciones, excepto en años de recesión, como los de 1923 y 1924. En 1930 las importaciones disminuyeron en gran medida; en 1931, eran casi iguales a las exportaciones, y en 1932 y 1933 (fin de la serie), las exportaciones a otras regiones excedieron lo que São Paulo importó de otras regiones. (Ellis, 1937: 512.) En épocas "buenas", los satélites son más explotados por la metrópoli; en las malas se les explota menos.

Pudiera creerse que las regiones agrícolas y aún más las llamadas a menudo "feudales", como el Nordeste, se abastecerían a sí mismas en comestibles. Lejos de ello, al igual que los satélites capitalistas "agrícolas" de la metrópoli mundial, como América latina y Brasil en conjunto, sus regiones monoexportadoras "agrícolas" en realidad importan víveres. El Nordeste brasileño consume del 30 al 40% de sus desembolsos en importaciones regionales de comestibles. (Desenvolvimento & Conjuntura, 1959: 47.) ¿Hace esto del Nordeste una región aislada, "feudal", precapitalista, como quiere el modelo de la sociedad dual? ¿O hace de él lo que ha sido siempre: una legión satélite explotada por el capitalismo?

El papel del comercio y las finanzas esclarece algo más esta cuestión. Es principalmente por medio del monopolio comercial que las metrópolis nacional y regional contemporáneas (y la metrópoli internacional) explotan a sus satélites y se apropian del excedente económico de éstos. Podemos probarlo de muchos modos. (Este problema se examina con más detalle en las páginas 241-267.) En el conjunto de Brasil, el 23% de la población ocupada en el sector terciario recibe el 47% del ingreso nacional; en el Nordeste de "agricultura de subsistencia aislada", el 15% del sector terciario recibe el 46% del ingreso; en el norte recibe el 49%. (Desenvolvimento & Conjuntura, 1958: 52; APEC, 1963: 17, y Baer, 1964: 274, dan datos similares acerca de la distribución del ingreso por sectores.) Los receptores importantes de ingresos del sector terciario no son, claro está, trabajadores de cuello y corbata o empleados de establecimiento, de servicios, sino comerciantes y financieros. En el Nordeste, el 21% del ingreso va al comercio, a los intermediarios de las finanzas y a los arriendos; de este total, el 17,6% fue al comercio en 1958-1960. (Baer, 1964: 274; APEC, 1963: 17.) Un pequeñisimo número de grandes comerciantes reciben la parte del león de este 46% del ingreso terciario regional. Además, los grandes terratenientes, cuyo ingreso se atribuye oficialmente a la agricultura, reciben, en realidad, la mayor parte de ese ingreso del comercio y de las finanzas; por consiguiente, la proporción real del ingreso "ganado" en el comercio y las finanzas es mucho más de lo que la cifra indica.

El monopolio comercial del sistema capitalista en las áreas rurales se vincula íntimamente a la estructura de la tenencia de la tierra. En Brasil, en 1950, el 80% de los que dependían de la agricultura poseían el 3% de la tierra; el 97% restante pertenecía al 20% de la población agrícola, del que el 0,6% poseía más del 50 %, incluyendo las mejores tierras (véase pp. 241-247). A su vez, este control monopolista de la tierra permite que estos pocos propietarios participen, a menudo fundamentalmente, de la estructura general del capitalismo como comerciantes monopolistas.

Que la estructura socioeconómica, supuestamente precapitalista o aun feudal, de las áreas rurales es parte integrante de toda la estructura metrópoli-satélite del capitalismo, puede demostrarse también mediante los cambios de la concentración de la propiedad de la tierra y la variación de los niveles de vida de la población rural en cuanto a tiempo y lugar. La tierra en el sur, especialmente en el estado de Paraná, y también, antes, en el mismo São Paulo, en el que la tierra se dividió en propiedades relativamente pequeñas, vino a concentrarse en latifundios precisamente cuando fue invadida por la expansión capitalista del café y otros cultivos comerciales. La consecuencia de este desarrollo capitalista fue el descenso del nivel de vida de gran parte de Ios propietarios de tierra. Durante las expansiones capitalistas de las décadas de 1920 y 1940 y la menor de 1950, la concentración de la propiedad de la tierra aumentó, los arrendatarios fueron convertidos en jornaleros agrícolas y el nivel de vida de la mayoría de la población descendió. Durante la década de 1930, por el contrario, y en algunos lugares durante la de 1950, estas tendencias se invirtieron y hubo, pues, desconcentración de la propiedad, aumento de terratenientes pequeños y arrendatarios y niveles de vida más altos para la población rural. Pero cuando Estados Unidos quitó a Cuba su cuota azucarera y la distribuyó entre naciones "amigas", Brasil entre ellas, y en consecuencia aumentó por breve tiempo la demanda de azúcar del Nordeste, se sembró caña hasta en las casas de los campesinos, como dijo el hoy encarcelado gobernador de Pernambuco, y los niveles de vida bajaron en consecuencia. Así, pues, la agricultura brasileña, lejos de ser una economía de subsistencia aislada, feudal o precapitalista, como sugiere el modelo dualista, es y reacciona como parte del sistema capitalista cuyo comportamiento señala nuestra hipótesis: involución en respuesta al aflojamiento de los lazos con la metrópoli y desarrollo coartado en respuesta al fortalecimiento de los mismos.

Esta estructura metrópoli-salélite monopolista no se detiene en el nivel interregional, sino que se extiende al intersectorial. Por tanto, puede decirse que a la estructura metrópoli-satélite corresponden las relaciones entre una industria y otra, entre una firma y otra de la misma industria. Los sectores o las empresas de tecnología avanzada tienen sus propias fuentes de capital o acceso relativamente fácil al capital exterior, y mantienen una relación monopolista de metrópoli y satélite con las casas que carecen de esta tecnología y este capital, y trabajan con técnicas que exigen más de los obreros. Este contraste se manifiesta particularmente entre las grandes firmas extranjeras, que cuentan con las facilidades tecnológicas y de crédito de sus operaciones mundiales, y las firmas brasileñas. Pero aproximadamente, las mismas relaciones existen también entre las pocas empresas brasileñas grandes, que además suelen estar vinculadas de uno u otro modo a firmas extranjeras y la multitud de casas brasileñas medianas y pequeñas de la misma industria.

La relación puede verse en la estructura de sus operaciones de compra y venta entre sí, y es evidente, en particular, cuando a las firmas extranjeras se les otorgan privilegios especiales, como ha ocurrido bajo el presente gobierno militar, manteniendo las del país sin créditos. Esto da una fuerte ventaja competitiva a las casas extranjeras y a las nacionales que gozan de relativa solidez tecnológica y financiera, sobre las firmas medianas y pequeñas, las cuales se ven forzadas a cenar sus puertas y a entregar sus valores a las empresas grandes o extranjeras.

El actual gobierno militar está añadiendo otro mecanismo a la ventaja de que ya disponen las grandes empresas: hace que las cargas fiscales dependan, no de las ganancias de la compañía, sino de su nómina salarial. Así es como las compañías grandes obtienen ganancias relativamente grandes, mientras que las pequeñas, por estar menos capitalizadas, han de pagar mano de obra relativamente mayor, el resultado es obvio. No es extraño que el gran comercio extranjero y brasileño y la burguesía a él asociada no se duelan de una política monetaria y fiscal que en apariencia daña a los negocios. Como todo lo de la estructura capitalista, aquella política no hiere a todos del mismo modo.

Todas estas clases de apropiación comercial —mercantilista, pudiera decirse— del excedente económico y la plusvalía de los productores y consumidores agricolas e industriales, son, por supuesto, posibles —yo debiera decir necesarias— sólo porque explotadores y explotados forman parte del mismo sistema monopolista. Los terratenientes y comerciantes de la metrópoli local que explotan a sus satélites, los trabajadores y consumidores agrícolas, son instrumento de la metrópoli regional, de la cual son satélites, y cuya burguesía regional es, a su vez, el medio de explotación de la metrópoli y la burguesía nacional, y así hasta la metrópoli y la burguesía mundial, cuyo medio de explotación y subdesarrollo creciente de los países satélites es, inevitablemente, la burguesía nacional.

A despecho de todas las contradicciones menores, la burguesía de estas metrópolis capitalistas locales, regionales, nacionales y mundiales se interesa en la preservación de este sistema. La iniciativa y la acción política efectiva para transformar esta sociedad y permitir un genuino desarrollo económico y humano corresponden, necesariamente, a las clases explotadas de los satélites capitalistas, rurales y urbanos.